Esto mismo me pregunto algunos días, por que es la típica pregunta que me hace todo el mundo, que hace un vasco en el sur, y creo que ni yo mismo lo sé.
No hay que preguntárselo mucho, por que al fin y al cabo la vida es la que te lleva aquí y allá y nunca sabes donde vas a aterrizar, y en mi caso el trabajo y el amor han sido los principales influyentes en que acabara en este pequeño y agradable pueblo de la Sierra de Segura que es Puente de Génave.
Quien me lo iba a decir hace poco, siete años ya, cuando estaba faenando en el mar sufriendo el calor y el frío más horrible que puede uno imaginarse, que iba a terminar trabajando de funcionario en la parte más interior de nuestro país, con el mar a más de trescientos kilómetros en cualquier dirección. Un mar que ha sido hasta hora el eje central de mi vida,ya que ha sido del que he sobrevivido hasta ahora y el que ha marcado siempre mi vida familiar, tanto el Mediterráneo, como el Cantábrico o el Atlántico. Un mar al que tengo que agradecerle lo mucho que me ha enseñado sobre la vida y las relaciones humanas y que en sus ratos de remanso y en los de furia te hace darte cuenta lo poca cosa que somos, lo mucho que nos quejamos de todo y lo que desperdiciamos el tiempo en vanalidades.
A pesar de todo ello en el día a día no lo echo de menos, pero cuando me vuelvo a reencontrar con él me invade una sensación de tristeza y de añoranza y me doy cuenta que si algún día me dijeran que no puedo volver a verlo me moriría.
Tengo mucho que agradecerle al destino ( mi mujer,mis hijos y mis amigos, y un trabajo fijo que no es poca cosa), pero lo único que me falta es que esto hubiera sucedido en la costa,pero como he señalado antes quien soy yo para quejarse. Disfrutemos de lo que tenemos e intentemos a los demás hacerlos partícipes de todo ello,que entonces disfrutaremos el doble. Así seguro que no nos acordaremos de preguntarnos como hemos llegado hasta aquí.

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